El 25 de abril, fuimos los cómplices de un secreto a voces, tuvimos la oportunidad de escuchar temas inéditos del primer álbum de Gara Durán gracias a Sound Isidro.
Pero empecemos por el principio, la Sala El Sol aguardaba bajo luces tenues rojas y con un curioso calor a raíz del sold out de la artista madrileña. Los ventiladores facilitaron la supervivencia. Incluso dieron la bienvenida a la cantante con un leve brisa que levantaba su pelo para dar comienzo al espectáculo. Un principio fulgurante y brillante que dio muestras de la puesta en escena que tiene Gara Durán, “Robot” definió la intimidad y alegría que respiraría el concierto esa noche. Con destellos mágicos del teclado y la voz de la cantante en “Malaquita” nos evocó a esos dulces perfumes inolvidables que tienen rostro. Acto seguido, tocaba “Salvavidas” una carta a corazón abierto contra el darse por vencida, sueños que poco a poco va cumpliendo.
Llegó el gran anuncio de la velada. Gara Durán en primicia soltó el título de la primera canción de su futuro álbum, “Cuál es mi destino”, al instante cede el protagonismo al bajo y a la guitarra eléctrica por la energía más “cañera” de este tema. Luego, el siguiente adelanto, “Avalancha”, una rehabilitación al corazón y con unas ganas irrefrenables de más, mi favorita sin duda. Tocaba bajar revoluciones. La seguidilla de “Kryptonita” y “Cuídalas”, convirtió la sala en un cálido confesionario, ella solamente acompañada por el teclado dejó boquiabiertos a todos con su bella interpretación de “Noto el nudo”. Una oda al cariño. Poderoso y egoísta muchas veces.
Pausa para hidratarse, cambiarse y felicitar el cumpleaños de Rodri, amigo de Gara, y de regalo le dedica su última canción junto a Natalia Lacunza, “Placer de vivir”. Así también me gustaría cumplir años. Seguidamente, sonaría el último adelanto con vibras más rock-pop que parece que será la tónica del proyecto. La madrileña totalmente disociada del éxito de la noche dio paso a su tema más conocido, “El lago de mi pena”. Aunque faltó Barry B, la ausencia del burgalés no fue un impedimento para el alzamiento coreográfico de las linternas, el culmen emocional. Un lago de luz inundó la sala. “Sin pena ni gloria”, mantuvo el ánimo por las nubes del público para finiquitar el corto (una hora y poco), pero entusiasta y tierno concierto de Gara Durán. Un final por todo lo alto, “Mi loco cowboy”, nos dejó con un chute de dopamina que creó una sonrisa contagiosa en los allí presentes.



