Sound Isidro volvió a demostrar el pasado 30 de abril por qué sigue siendo uno de los ciclos clave para entender el pulso de la música urbana en Madrid. En la sala Uñas Chung Lee, lleno absoluto y un público completamente entregado desde el inicio, el doble cartel de Plastikboy y Choclock dejó una de las noches más sólidas de esta edición.
Aunque la apertura corrió a cargo de Plastikboy, fue Choclock quien terminó por marcar el tono emocional de la velada. Integrado en el entorno creativo de Mécèn, el artista canario se ha consolidado como una de las voces más reconocibles de una nueva sensibilidad urbana que cruza R&B, rap melódico y electrónica suave, siempre desde una escritura directa y emocionalmente expuesta.


Imágenes realizadas por Yaiza Cobo
En escena, Choclock apostó por la contención: estética cotidiana, cero artificio y una iluminación en tonos magenta y violetas. Detrás, una pantalla LED desplegaba visuales de corte postinternet, entre textos sueltos y estética cercana al imaginario digital contemporáneo, reforzando el universo que rodea su propuesta.
El arranque con “Algo Me Golpea El Pecho” dejó claro el enfoque del directo desde el primer minuto: y una sala que respondió al instante. A partir de ahí, el concierto osciló entre la catarsis y la introspección, con un público que acompañó cada giro del repertorio.
Uno de los primeros puntos de conexión llegó con “MiShawty”, junto a Mvrk, que activó la dinámica de respuesta entre escenario y sala. Más adelante, en “Sinkerer”, el propio Choclock pidió palmas, convirtiendo el tema en un ejercicio colectivo de ritmo más que en una interpretación cerrada.
El set avanzó con temas como “Que tapen el sol”, “50%”, “PonteFriki!” o “Débiles”, sosteniendo una estructura basada en contrastes constantes de energía. El concierto no buscó linealidad, sino una progresión emocional que alternaba momentos de alta intensidad con otros más contenidos.
Las colaboraciones reforzaron la idea de escena compartida: Averzzo apareció en “Anestiasado”, Mario Kun en “Throwback 2020” y Abhir Hathi en “Aguilera”, dibujando una red creativa que funciona con códigos comunes más allá de los nombres propios.


Imágenes realizadas por Yaiza Cobo
Uno de los momentos más intensos llegó en el tramo central, antes de “Lejos de mí”, donde Choclock pidió al público cerrar los ojos. En ese punto, Plastikboy volvió al escenario para acompañarle, reforzando la carga emocional del tema y elevando la atmósfera de la sala a uno de los picos de la noche.
La recta final —con “Cigarro”, “No puedo cambiar”, “Fácil”, “Arena negra”, “DMT”, “Enhorabuena” y “Capresse”— confirmó la solidez de un directo que se sostiene más en la coherencia del relato que en cualquier gesto de efectismo escénico. El cierre llegó sin excesos, casi en continuidad natural con el desarrollo del show.
Más allá del lleno y de la conexión evidente con el público, la sensación general es la de un artista que ha terminado de definir su lenguaje: vulnerable, digital y emocional, pero con una identidad cada vez más clara dentro de la nueva escena urbana nacional articulada en torno a Mécèn.
(Y sí: en “Capresse” la gente se volvió completamente loca.)



