Majadahonda acogió una nueva forma de entender el tenis: menos competición clásica y más experiencia donde deporte, música y branding convivieron durante doce horas.
El Club Internacional de Tenis de Majadahonda acogió el pasado 25 de abril la tercera edición de Mini Open Tennis, una cita que ha logrado consolidarse en Madrid como uno de los formatos más singulares dentro del calendario deportivo reciente. Celebrado además en plena semana en la que la ciudad concentra buena parte de la conversación en torno al tenis gracias al Mutua Madrid Open, el evento encuentra un contexto especialmente conveniente para ampliar ese interés hacia una propuesta más accesible y transversal. Lejos de plantearse únicamente como un torneo amateur, Mini Open Tennis propone una experiencia en la que la competición convive con música, activaciones de marca y distintos perfiles del panorama cultural y creativo.



Fotografías realizadas por Yaiza Cobo.
Con 50 equipos inscritos y una jornada que se extendió durante más de diez horas, el tenis fue en todo momento el eje central sobre el que giró el resto de la programación. Los partidos, distribuidos entre fase de grupos y eliminatorias, mantuvieron una actividad constante en las pistas y consiguieron que el seguimiento deportivo no quedara diluido pese a la cantidad de estímulos paralelos. Esa es, probablemente, una de las claves del evento: entender que la experiencia puede enriquecer la competición sin desplazarla.
Precisamente para quien no llega desde una proximidad previa con este deporte, el resultado termina siendo especialmente revelador. Acostumbrada a moverme en entornos más vinculados a la música, el lifestyle o las tendencias culturales, la predisposición inicial estaba más cerca de observar el ambiente que de implicarme en el marcador. Sin embargo, Mini Open Tennis consigue algo poco habitual: despertar interés genuino por el desarrollo de los encuentros y hacer que incluso el espectador menos familiarizado con el tenis termine siguiendo partidos, comentando jugadas y sintiéndose parte del ritmo de la jornada.
Buena parte de ese equilibrio reside en cómo está pensado todo lo que sucede alrededor de la pista. Las distintas activaciones distribuidas por el espacio, desde espacios destinados a marcas y muestras promocionales hasta barras, café de especialidad y zonas gastronómicas no interrumpían el evento, sino que acompañaban los tiempos muertos naturales entre encuentros. En ese recorrido, la presencia de Mahou Cinco Estrellas como cerveza oficial funcionaba como un hilo conector dentro de la experiencia, reforzando esa sensación de afinidad entre lo deportivo y lo social. La sensación no era la de asistir a un recinto volcado únicamente en el consumo, sino a una propuesta suficientemente compensada entre experiencias accesibles y oferta comercial como para que el asistente pudiera recorrerla con comodidad.
También contribuía a esa atmósfera la diversidad de perfiles convocados a lo largo del día. Entre los asistentes pudieron verse desde exjugadores de fútbol vinculados a La Liga Retro hasta nombres procedentes de ámbitos muy distintos como Leiva, Chino Darín, Eme Hache, Cecilio G o Hannah Plum, fundadora de Chessbian. Más que una acumulación de rostros conocidos, la presencia de estas figuras reforzaba la idea de que el torneo funciona como punto de encuentro entre comunidades que no necesariamente comparten espacio de manera habitual, pero que encuentran en el deporte una forma de conexión natural.



Fotografías realizadas por Yaiza Cobo.
A medida que avanzaba la tarde y las eliminatorias concentraban la atención en la pista principal, patrocinada por Adidas, esa convivencia entre competición y experiencia se hacía cada vez más evidente. El público no solo asistía; permanecía. Y permanecer, en un contexto donde la atención suele ser breve y fragmentada, ya es en sí mismo una señal de éxito. La jornada dejó además un cierre simbólico dentro del propio relato del evento, con la victoria del equipo impulsado por Minishop, organizador de la cita.
El acto se clausuró sin ruptura entre deporte y ambiente social, con un DJ set en la propia pista a cargo de Brunch Electronik Madrid, que transformó el espacio de juego en un escenario musical abierto y prolongó la experiencia hacia un final más cercano al de un evento cultural que al de una competición convencional.
Más que presentar el tenis como una excusa estética, Mini Open Tennis consigue devolverlo al centro desde otro lugar: uno más abierto, más compartido y, sobre todo, más accesible para quienes quizá no esperaban terminar tan pendientes del siguiente punto.



