Una única fecha en la ciudad, reventa hasta el último minuto y casi dos horas de concierto que se quedaron cortas
Madrid llevaba días gris. Lluvia fina, frío incómodo y esa sensación de jueves largo que pide sofá. Aun así, desde primera hora de la tarde ya se intuía que lo del 12 de febrero en La Riviera no iba a ser un concierto más. Apertura de puertas sobre las 19:30 y colas constantes: era la única fecha en la capital y la reventa se movió hasta el último minuto.
En nuestro caso, la entrada llegó esa misma mañana por TicketSwap. No habíamos gestionado acreditaciones a tiempo y sabíamos que iba a ser una noche especial.
El concierto comenzó unos quince minutos después de las 21:00. Y desde el primer acorde quedó claro que la espera había merecido la pena.
Un arranque fuerte y una sala coreando su nombre
Natalia abrió con “Sabes qué???”, el último single que lanzó antes de publicar N2STAL5IA. Fue un inicio directo, sin rodeos. Desde el estribillo el público coreó su nombre al unísono, con la misma intensidad con la que lo hacen sus amigas en la versión de estudio. La conexión fue inmediata.
Minimalismo coherente con el universo del disco
La dirección artística seguía con precisión la estética del álbum: tonos azules, grises y tierra; visuales cuidados; iluminación envolvente; un sofá en escena que funcionó como punto íntimo dentro del espacio.
En escena, Pau a la batería y Ganges y Paula acompañándola a las teclas, mientras Natalia alternaba entre guitarra y teclado con absoluta naturalidad.
Seguridad y complicidad
Se la vio suelta. En algunos momentos dejó de cantar y el público sostuvo la canción por completo, sin que hiciera falta pedirlo.
Se sentaba en el sofá, se levantaba después, se movía con libertad, cambiaba la energía según la canción. Había presencia, pero también cercanía.
En el brindis —copa en mano— agradeció al público y a la banda. Unas canciones después, hizo especial mención a Gara Durán por su participación en “Nokia”, adelantando que pronto llegará una canción conjunta.
Un setlist amplio y bien medido
El concierto no se quedó únicamente en N2STAL5IA. Hubo un repaso amplio y bien distribuido por gran parte de su trayectoria.
De Tiene que ser para mí, los singles más reconocibles como “Todo Lamento”, “Muchas cosas” y “Cuestión de Suerte” se cantaron con fuerza, mientras que “Mi Sitio” y la canción homónima del disco encontraron un clima más contenido, casi recogido.
De N2STAL5IA, “Apego Feroz” provocó una de las mayores ovaciones de la noche, acompañada de un cambio de iluminación que abrió el escenario y dejó la sala completamente visible. En “Otro Culito”, el público volvió a cantar al unísono y comenzaron a levantarse carteles entre la gente.
También hubo espacio para los EPs DURO y SIMELLAMA / LAPLATA. “Intro (DURO)” enlazada con “Nunca Llega 05” generó uno de los momentos más eléctricos del concierto, elevando la energía de la sala de forma inmediata. En ese mismo recorrido apareció también “SIMELLAMA”, una de las canciones más crudas y experimentales de su catálogo.
Su círculo cercano sobre el escenario
Las colaboraciones aparecieron a lo largo del concierto, integradas de forma natural dentro del setlist.
En “Prefiero”, no pudo estar presente María Escarmiento. Aun así, el escenario se llenó con amigas de su círculo más cercano y esta presencia reforzó esa idea de proyecto compartido. Más adelante subieron L’Haine y Diego900 para interpretar “Baby José”, aportando un giro más urbano y elevando la intensidad del tramo final.
Fueron las principales colaboraciones de la noche y respondían a algo evidente: su música está atravesada por las personas que la rodean.
“Singapur” en dos tiempos
“Singapur” apareció dos veces en la noche. La primera, al inicio, en una versión más lenta. Sentada al teclado en el sofá, visuales de la ciudad proyectados detrás —trabajados por su hermana—. Fue un momento muy cuidado e íntimo.
Más adelante, volvió en su versión más cercana al disco, más movida, con globos y más energía.
Silencio en “Nana Triste”
“Nana Triste” se sostuvo en un silencio que impresionaba. Hubo momentos en los que la sala quedó completamente quieta. Al terminar, Natalia se fundió en un abrazo con Ganges en las teclas, que la acompaña desde hace tiempo.
Una canción de Jeanette y un final de lo más íntimo
También interpretó “El muchacho de los ojos tristes”, una elección melancólica que encajó perfectamente con su registro y con el tono general del concierto.
El final llegó con “Plastilina”, última canción de N2STAL5IA. Un cierre emocional, coherente con el disco y con la noche.
Un escenario bajo control
Hacía tiempo que Natalia no publicaba música nueva y este regreso la sitúa en otro lugar. La presencia fue firme, la dirección artística clara y el directo estuvo bien medido.
Sin grandes artificios ni despliegues desproporcionados, sostuvo el escenario con voz y personalidad. En esa seguridad hay algo que recuerda a grandes artistas del panorama español actual.
Una sola fecha en Madrid. La Riviera llena. Y la sensación de que estamos viendo una artista que ya sabe exactamente dónde está.



