Yuval Abraham y Rachel Szor, codirectores del oscarizado No Other Land, reúnen el testimonio anónimo de 24 miembros de la Inteligencia militar israelí para examinar los mecanismos, tecnologías y decisiones que han hecho posible la matanza masiva de civiles palestinos
Durante tres años, Yuval Abraham y Rachel Szor filmaron de noche y en secreto, desde distintas azoteas de Tel Aviv, a miembros de la Inteligencia militar israelí. El resultado es NAZA, un documental construido a partir del testimonio de 24 oficiales y soldados que participaron en sistemas de vigilancia o eliminación a distancia de civiles palestinos en Gaza, y cuyas identidades, rostros y voces han sido alterados para garantizar su anonimato.
La película parte de una pregunta que atraviesa todo el proyecto: cómo un sistema puede convertir la deshumanización de una población en una estructura organizada de decisiones, protocolos y procedimientos. Abraham y Szor, cineastas y periodistas israelíes, explican que decidieron realizar NAZA precisamente desde la responsabilidad que asociaban a su posición: examinar desde dentro los mecanismos empleados por su propio país en Gaza.
Más que centrarse en acciones aisladas o en soldados que actúan al margen de las órdenes, NAZA dirige su mirada hacia las propias órdenes, las políticas, las prácticas aceptadas, el lenguaje y las lógicas que articulan el sistema militar. A través de las fuentes que participaron en él, la película reconstruye una cadena de decisiones que sus directores relacionan con la cuestión de la intencionalidad y con lo que una comisión de Naciones Unidas y organizaciones internacionales de derechos humanos han descrito como un genocidio en Gaza.
Un sistema contado por quienes formaron parte de él
La investigación se articula a partir de dos docenas de fuentes procedentes de unidades de Inteligencia militar israelí. Localizarlas y conseguir que aceptaran hablar ante una cámara llevó meses y, en algunos casos, años. Los directores señalan que la propia estructura militar reparte las responsabilidades de cada operación entre numerosas personas, departamentos y decisiones, por lo que necesitaban reunir suficientes testimonios como para poder reconstruir las diferentes partes de esa cadena.
Los entrevistados hablan bajo anonimato absoluto. Algunos, según relatan los cineastas, decidieron hacerlo desde sentimientos de culpa o vergüenza; otros parecían movidos por el conocimiento técnico acumulado durante sus años dentro de unidades secretas o por aquello que consideraban logros profesionales. Sin embargo, NAZA evita convertir sus motivaciones personales en el centro de la narración. La película no pretende estudiar el remordimiento de quienes participaron en el sistema, sino comprender qué hizo posible ese sistema.
La decisión responde también a una cuestión ética. Abraham y Szor señalan que dedicar demasiado espacio a las emociones o posiciones políticas de los responsables habría desplazado el centro de gravedad de la película hacia ellos y, por tanto, lejos de las víctimas.
Tel Aviv de noche: mirar la violencia a través de su ausencia
NAZA adopta una puesta en escena alejada de las formas convencionales del documental de investigación. Los testimonios se desarrollan por la noche, en las azoteas de Tel Aviv, mientras la ciudad continúa funcionando alrededor de ellos.
Gaza, situada a unos 60 kilómetros, nunca ocupa directamente la imagen. Está, sin embargo, constantemente presente. Los cineastas construyen así una película sobre la presencia a través de la ausencia: mientras los entrevistados describen sistemas de vigilancia, selección de objetivos y bombardeo, la cámara contempla una ciudad israelí en la que la cotidianeidad continúa mientras otra ciudad está siendo destruida.
La elección conecta con una reflexión de Jonathan Glazer, productor ejecutivo de NAZA y director de La zona de interés. Abraham y Szor explican que les influyó su planteamiento sobre cómo representar a las víctimas sin necesidad de mostrarlas físicamente en pantalla: aunque permanezcan fuera de campo, nunca deben quedar fuera del pensamiento de la película.
La noche funciona además como algo más que un elemento visual. Para los directores representa tanto el espacio donde puede ocultarse el crimen como aquel en el que pueden pronunciarse determinadas verdades. Algunos de los momentos más reveladores de las entrevistas, explican, sucedieron precisamente cuando apenas había luz.
De personas a cifras: qué significa “NAZA”
El propio título concentra una de las ideas fundamentales del documental. NAZA es un acrónimo militar hebreo derivado de Nezek Agavi, “daño colateral”, empleado por la Inteligencia israelí para indicar el número previsto de civiles que morirán durante un bombardeo.
La película examina cómo el lenguaje técnico puede transformar seres humanos en cifras, estadísticas o puntos sobre una pantalla. Durante las entrevistas, los soldados y oficiales reconstruyen mediante dibujos y diagramas realizados a manoalgunos de los sistemas tecnológicos empleados. El recurso permite entender su funcionamiento, pero también observar cómo quienes operaban esas herramientas representaban mentalmente a las personas sobre las que actuaban.
Para Abraham y Szor, el concepto de “daño colateral” resulta central porque puede ocultar tras una categoría burocrática decisiones tomadas con conocimiento previo de sus consecuencias civiles. Esa lógica adquiere una dimensión todavía mayor en un contexto marcado por la inteligencia artificial, los macrodatos y los sistemas automatizados de generación y selección de objetivos militares.
Del periodismo de investigación al lenguaje cinematográfico
NAZA nace de varios años de investigaciones periodísticas. Desde 2023, Yuval Abraham y el periodista de The Guardian Harry Davies, también productor de la película, investigaron las nuevas tecnologías utilizadas por el ejército israelí en Gaza y Cisjordania. Sus trabajos abordaron, entre otras cuestiones, los sistemas de selección de objetivos mediante inteligencia artificial y las infraestructuras de vigilancia masiva sobre la población palestina.
Parte de esas revelaciones fueron publicadas por The Guardian, +972 Magazine y Local Call. El documental recupera algunas de las mismas fuentes, pero busca trasladar la investigación a otro territorio: no limitarse a la información verbal, sino detenerse también en los silencios, las pausas, los cuerpos y aquello que los entrevistados no dicen.
De ahí que el montaje conserve largos espacios de silencio y las propias preguntas formuladas por los directores. En lugar de construir una sucesión tradicional de testimonios, Abraham y Szor plantean la película como un diálogo y una búsqueda de la verdad a través del lenguaje cinematográfico.
Los responsables de No Other Land vuelven a mirar hacia el sistema
Yuval Abraham, cineasta y periodista de investigación, y Rachel Szor, cineasta y directora de fotografía, fueron dos de los cuatro codirectores de No Other Land (2024), documental ganador del Oscar.
En NAZA trabajan junto al productor James Wilson, nominado al Oscar y ganador de dos premios BAFTA, y Jonathan Glazer, director de Sexy Beast, Under the Skin y La zona de interés, que participa como productor ejecutivo. The Guardian presenta la película junto a JW Films, en asociación con Placeholder Films y Unseen Hand.
Con una duración de 80 minutos, rodada en hebreo e inglés y producida en Reino Unido en 2026, NAZA sitúa el cine documental y el periodismo de investigación frente a una misma cuestión: no únicamente quién ejecuta una acción, sino qué estructuras políticas, tecnológicas, militares y sociales permiten que esa acción se convierta en sistema.



