db6876e2 3c1c 49ec bb17 60a056d160a5

Salir del letargo existencial con Mocholí

Ayer asistí a “A la nanita nana”, una performance en La Juan Gallery por Mocholí (@guillemocholi). Entrabas en la sala y te encontrabas con un paisaje repleto de cojines y alfombras, y en las paredes unas proyecciones, vídeos de gente durmiendo en la intimidad de sus dormitorios, casi un espectáculo voyeur nocturno a primera vista. El ambiente invitaba inmediatamente a tumbarse, y en la pantalla estaba él, otro vídeo más, reversionando en directo nanas y folclore, haciéndolas suyas.

Pasan los minutos, y entre las calmadas proyecciones, las nanas angelicales y lo acurrucaditos que estábamos todos, empezamos a entrar en un momento de trance colectivo, recibiendo esos inesperados cuidados de Guille.

Relajados, extasiados. No sabría definirlo más que esos momentos en los que, arropado en tu cama, te quedas con el cuerpo sedado y la mente divagando tranquila, justo antes de dormir.

Fotografías realizadas por Alba Alonso López (@aalons_)

Y justo estando todos entre la vigilia y el sueño nos preguntábamos: ¿es dormir un acto de resistencia de nuestro niño interior? ¿Una negativa a crecer y dejar de ser blanditos? ¿Una manera de cuidarlo? 

Y, ¿quién nos canta las nanas ahora? 

La definición pasa entonces de voyeurismo al alma del niño que alguna vez fuimos mirándonos dormir. Mocholí aparecía cantándonos desde otra pantalla, distante y cuidadoso, a la vez que presente.

¿Saldrá alguien a arrastrarle de esa habitación oscura, de ese letargo profundo? ¿Quién le cantará nanas a él?

whatsapp image 2026 06 01 at 12.55.20 (2)

Fotografías realizadas por Alba Alonso López (@aalons_)

Se podía observar cómo la gente emulaba inconscientemente sus costumbres de cama: unos miraban el móvil, otros abrazaban cojines, otros se rebozaban, adormilados, buscando la perfecta posición para el sueño.

Nos entrometemos en el ritual íntimo para hacerlo colectivo, ponemos el foco en los (auto)cuidados, a veces compartidos como las camas.

Cada bostezo se contagia, cada respiración se decelera. 

Y de repente aparece, ni me había dado cuenta que había dejado la música en bucle para salir a vernos. Y ahí está Guille. Y nos hinchamos a darle abrazos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *