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Dentro de la atmósfera hipnótica de mori

Entre guitarras reverberantes, colaboraciones inesperadas y una sensibilidad lo-fi sin artificios, mori convirtió su debut en solitario en una noche suspendida entre la nostalgia y la primavera madrileña.

Rusia-idk, lo que nacía en 2019 como un sello poliédrico, discográfico pero también ligado a la moda y lo visual, se ha atrincherado en el panorama musical y sus raíces son cada vez más robustas e imperecederas. Hablamos de artistas que en el último año han actuado en el Movistar Arena, como rusowsky y Ralphie Choo, y otros con una actividad incesante como Teo Lucadamo. En la vorágine de sonidos estimulantes revestidos con la etiqueta de “bedroom pop” que otros artistas del sello proponen, mori aporta una visión ligeramente más desprovista de grandes artificios. Y así se evidenció en su concierto del 18 de abril en la Copérnico, el pistoletazo de salida a una gira de 6 fechas donde presentará su álbum debut El Niño Bola.

Mori (Martín Moreno Rivera), conocido por girar y colaborar con otros artistas del sello, no había ofrecido conciertos en solitario. Desde que salió su viralizada “q no” en 2019 no ha dejado de sacar sencillos, pero necesitó un parón para profundizar en conocimientos de producción y ganar seguridad en sí mismo. Finalmente, este 2026 vio la luz de un proyecto completo con el que afianzar posiciones y ponerse en valor, aunque no ha recibido una promoción intensiva por su parte. Adentrarse en el mundo de El Niño Bola es tan fácil como escuchar tu comfort programa de radio donde mori, con una voz aterciopelada y balbuceante, es el presentador que nos acompaña en un repaso de estilos diversos, sin pretensiones y encuadrados naturalmente dentro de la programación. Como era de esperar, el EP cuenta también con valiosas colaboraciones de otros referentes del sello, algunos de los cuales se presentaron en tan señalada ocasión.

Es 18 de abril y la primavera llama a la puerta con vehemencia en Madrid: los vaqueros largos empiezan a ser cuestionados y sobra hasta la chaqueta de entretiempo. Este sábado no falla a su naturaleza, pues todos queremos aprovecharlo antes de que vuelvan mayo y su sayo. El show se demora un poco hasta que mori aparece en escena con un outfit de sudadera encapuchada gris, muy sencillo; la imagen en representación de la identidad. La puesta en escena es la que cabría esperar de cualquier grupo o proyecto que toque en esta sala: dos guitarras, bajo, batería y teclado. Hasta aquí, se deduce que no pretende hacer un espectáculo sustentado en sonidos sampleados, sino que su propuesta se despliega para hacer que las canciones más guitarreras suenen orgánicas.

La antesala a la ristra de temas se presenta como una suerte de outro instrumental, envolviéndonos en el halo atmosférico que atraviesa todo el set. A partir de aquí, navegamos por su mundo esencialmente lo-fi y apacible, pero contrarrestado con un directo sofisticado en canciones como la folky y melancólica ‘Lovers to Strangers’, o ‘Big, Big Love’, esa muestra experimental con melodía pop que acompaña ahora de luces estroboscópicas, movimientos robotizados y el toque radiofónico de la voz. Una vez asentado el ambiente, el tono sube con una de las más pegadizas del álbum, ‘Is it Forever’, testamento del sonido post-punk que evoca a ‘Disorder’ de Joy Division y toda una constatación de que el directo solo magnifica los grandes temas. A pesar de que el show se centre en el recién estrenado proyecto, dejando a un lado sencillos anteriores de éxito, no sorprende la aparición en escena de Tristán. Su colega artístico y él interpretan ‘Voyage’, una nota de color funky que hace que los pies vayan solos, mientras que la colaboración con AMORE en ‘I Feel Good’, el tema más escuchado hasta la fecha, se postula como el punto álgido y culminante de la noche atmosférica.

Siguiendo la línea de sus referentes post-punk y poperos, mori cierra con una versión inesperada y muy fiel de ‘I Know It’s Over’ de The Smiths, un auténtico fan favourite de los nostálgicos que se aferran a un amor inasible, a un sonido (viva Mánchester) o a un sintetizador. Sabes que ha acabado el concierto, antes de lo que esperabas y con tanta melancolía encima que, como en la canción, no sabes ahora a dónde podrías ir. Incluso siendo una noche de sábado primaveral espectacular.

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