Cuando una hace cosas – escribe, dibuja, fotografía, piensa, crea – puede pasar mucho tiempo hasta que se atreve a decir “soy artista” ¿quién es Alba San Juan? y ¿cuándo te diste cuenta tú de que el arte no era simplemente algo que hacías, sino una forma de estar en el mundo y de mirarlo? ¿crees que una se convierte en artista cuando empieza a crear o cuando empieza a tomarse en serio aquello que está creando?
Desde pequeña tenía una inclinación artística muy fuerte y siempre hacía cosas, siempre estaba creando. Pero por supervivencia en esos años, lo abandoné y crecí pensando que era algo que todos teníamos y que no me hacía especial, que todo el mundo sabía hacerlo. Cuando me daban la enhorabuena por las cosas que conseguía en este ámbito, no lo entendía porque para mi todos sabíamos hacer lo que yo hacía. Pero pienso que por mucho que creas “abandonarlo”, como bien dices ser artista es tu forma de estar en el mundo, y esa mirada y esa sensibilidad se conserva y tiene cabida hasta en los actos más cotidianos, que para mi ahí reside gran parte del arte; en la cotidianidad.
He aprendido que tener constancia y mantener proyectos es una parte muy importante para encaminar tu faceta artística, pero que se es artista de antes; el arte pasa por nosotros y nosotros lo transmitimos y canalizamos con diferentes medios, disciplinas y formas.
Supongo que Alba San Juan es una artista con muchas ganas de seguir explorando esta faceta que está tan forjada en su personalidad que es imposible despegarse y renunciar a ella.
Hablando de tu libro empezaría por el título, porque me parece que ya contiene una contradicción muy interesante a señalar: “La libertad y Dolores”. Casi parece que fueran dos personajes, dos fuerzas que conviven y se disputan el mismo cuerpo. ¿Quién es Dolores y qué relación tiene con Libertad?
El libro parte de esa idea, en él, el dolor y la lucha por la libertad se entrelazan constantemente. Siento que desprendernos del dolor nos hace más libres y en este viaje he aprendido la importancia de sacarlo fuera. A través del arte he encontrado la forma de no pedir permiso para expresarlo. El dolor es la pieza central de la obra, y la forma de desprenderme del mismo, es lo que me hace libre. Porque en la libertad me encuentro a mi.
La exposición nace de un libro, pero decides sacar aquello que estaba en la intimidad de la escritura y convertirlo en un espacio que otras personas pueden recorrer. ¿Qué cambia cuando el dolor deja de ser exclusivamente tuyo y pasa a convertirse en una experiencia compartida?
Creo fielmente que colectivizar el dolor nos hace más libres. Porque de esta manera el peso que nos genera, se comparte y en el proceso, encontramos a personas que lo sienten como suyo, llevan un dolor diferente o están marcados por él.
Todo esto nos acerca los unos a los otros y a sus emociones individuales, pero a la misma vez, colectivizar este proceso nos libera. Todo lo que nos acerque de la manera más humanizada posible me parece un acto de revolución. Y puedo asegurar que desde que he empezado a compartir mi dolor de esta forma, he conocido otra faceta de mi y aparte de conocer gente increíble, el dolor va cediendo. Parece que la vida lo quiere así.

Hay algo que me interesa mucho en tu proyecto: no partes directamente de la sanación, sino del dolor, la pérdida, el desarraigo, la ansiedad, el desamor… y entre medias aparece la rabia. ¿Por qué era importante que la rabia estuviera ahí? ¿Crees que hemos aprendido a considerar la rabia una emoción que hay que controlar cuando, en realidad, a veces puede ser una forma de lucidez?
A mi la rabia me ha hecho salir de mi situación en innumerables ocasiones. De hecho, creo que lo sigue haciendo. De una forma u otra me ha protegido ese sentimiento a lo largo de mi vida. Siempre he tenido rabia por salir adelante y una rabia como símbolo de inconformismo por todo lo que estaba viviendo.
Así que se podría decir que me ha acercado a la vida que merezco, es bastante curioso que me haya traído hasta aquí. Yo pienso que es una emoción que nace como una reacción natural ante vivencias, sobre todo en injusticias. La rabia no siempre es mala, el dolor tampoco lo es. Todo depende del enfoque. No hay que demonizar ninguna emoción, hay que entender porque surgen. Quizás sin la rabia, yo no sería nada.
Vivimos en una época en la que parece que estamos obligadas a sanar constantemente. Tenemos que convertir cada ruptura en aprendizaje, cada trauma en crecimiento personal y cada crisis en una oportunidad para convertirnos en una versión mejor de nosotras mismas. A mí esa obligación de estar siempre “sanando” me genera cierta inquietud ¿Tenemos derecho a no sanar? ¿A quedarnos un rato en la herida sin convertirla inmediatamente en una lección?
POR SUPUESTO. Cogiendo esa idea, puede haber ciertos “temas” que no vamos a sanar del todo nunca y que forman parte de nuestra vida y nuestra historia. Convivimos con ello, se encuentra la forma y no tiene nada de malo. Es más, si consigues convivir con ellas es un paso enorme que te acerca en mayor medida a recuperarte de la situación. A mi eso ya me parece haberlos sanado en gran parte.
No hay que romantizar el dolor ni las malas situaciones, sanar es un concepto muy amplio y muy alejado para mi de esa idea general que convive ahora mismo en el discurso popular. Tenemos derecho a sufrir, tenemos derecho a quedarnos en la herida y esta bien. Todo tiene su tiempo y su espacio. Llegará y no para publicarlo en un post de autoayuda.
Somos quien somos a pesar del dolor, no por el dolor sufrido. No tengo que darle las gracias.

En la exposición hablas de llegar a una reconstrucción y a la posibilidad de reconciliarte contigo misma. Pero ¿qué significa exactamente reconciliarse con una misma? ¿Implica perdonar? ¿Aceptar? ¿Comprender? ¿O simplemente dejar de estar en guerra contigo? ¿Hay cosas que no necesitamos perdonar para poder seguir viviendo?
Aún sigo reflexionando acerca de estas preguntas. Escribir esto ha sido un viaje de emociones, reflexión y preguntas. Donde estas que comentas, han tenido un gran peso y se han alojado en mi cabeza. Creo que lo más parecido a una reconciliación con uno mismo es dejar de luchar contigo. Pararte y comprender que no necesitas perdonarte constantemente, solo abrazarte mucho. Todo el mundo se merece que lo abracen mucho.
Hay una frase de la exposición que me ha parecido especialmente llamativa y verdadera: “El dolor se quema con dolor”. Tiene algo casi ritual, como si para salir de una experiencia tuvieras que atravesarla hasta el fondo en lugar de esquivarla. ¿Qué significa para ti quemar el dolor con dolor?
Mi libro se divide en tres partes en este orden: “Amor;Dolor”, “Rabia y miel» y por último, “El dolor se quema con Dolor”. Justo esa última comienza con esa frase y parte de esa idea. Creo que me sentí con fuerzas para enfrentar el dolor y lo cogí de lleno, aquellos textos tratan de atravesar el dolor para aprender a soltarlo, por mucho que duela y mucho miedo que de.
Si tengo que quemar el dolor lo haré, si al atravesarlo aparece más dolor lo aceptaré, pero por mucho que queme no viviré esclava de él. Si tengo que atravesarlo y quemarlo con más dolor, estoy preparada.
Quizás nos han enseñado a pensar que el sufrimiento es profundamente individual: mi ansiedad, mi duelo, mi ruptura, mi trauma, mi incapacidad para gestionar mis emociones. Pero también vivimos dentro de unas condiciones materiales, afectivas y sociales que determinan muchísimo cómo sufrimos. ¿Hasta qué punto hablar del dolor individual puede ser también una forma de hablar de lo colectivo? ¿Crees que hemos convertido problemas sociales en problemas psicológicos individuales?
Realmente ¿queda algo individual en este mundo? Me refiero, ¿somos tan diferentes los unos de los otros? El dolor individual está profundamente determinado por el entorno social y la época en la que se desarrolla.
A lo que me refería con las preguntas anteriores es que nuestro dolor no es tan distinto, a veces pensamos eso hasta tal punto que nos da miedo compartirlo, pero cuando lo hacemos encontramos un malestar similar en nuestro entorno.
Tenemos que perseguir romper el aislamiento del dolor individual y convertirlo en colectivo. Porque realmente, así lo es. Vuelvo a repetir que todo lo que implique colectividad, es revolución.

Y hay otra contradicción que me interesa todavía más: ¿qué ocurre cuando convertimos el dolor en una obra de arte? Puede ser una forma de resistencia, de apropiarte de aquello que te ha hecho daño, pero también existe el peligro de estetizar el sufrimiento, de convertirlo en algo bonito, contemplable y consumible. ¿Dónde crees que está esa frontera? ¿Alguna vez has sentido que estabas haciendo demasiado “bonito” algo que, en realidad, fue muy doloroso?
Para mi el arte ha sido y es mi forma de sobrevivir, creo que por eso también la gente encuentra lucha y resistencia en mis piezas.
Es una forma de expresar que no voy a rendirme y de plantar cara al dolor. No creo que las obras que he mostrado lo romanticen ni he pretendido hacerlo. He vivido escondiendo mi dolor y ahora no puedo imaginarme una vida sin mostrarlo desde este punto, es bonito abrazar la vulnerabilidad así. No pretendo hacer bonito ningún proceso, pretendo mostrar que están ahí y que no tenemos que esconderlos. Me sale de una manera visceral. Y la forma en la que me acerca al público es bestial, estoy muy agradecida.
Sé que el cine tiene un peso importante en tu imaginario. ¿Qué películas, directoras o formas de mirar crees que han influido más en tu manera de entender el amor, el dolor, la identidad o incluso la forma de contarte a ti misma? Si tu libro fuera una película, ¿qué película sería? Y, por supuesto, ¿quién te gustaría que la dirigiera?
El cine es una de las patas de mi vida. Me he visto reflejada en muchas visiones y realidades del cine que más consumo, que es el cine social. Pero siendo más específica y mojándome un poquito mi sentimiento con el barrio está claramente marcado por el cine quinqui y las películas que muestran la marginalidad social.
También creo que llevo toda una vida reflexionando sobre la nostalgia y tratando de reescribirla para que deje de doler, es imposible que no mencione el diálogo de Candela Peña en la película “Princesas”. Así como el cine español que muestra una mirada sobria que empezó a desaparecer en mi opinión a finales de la década de los 2000s. El cine que incomoda y que muestra realidades abandonadas, es una salvación. Quizás sobre el amor te mencionaré “The lovers on the bridge”. Y hablando sobre directoras te dejo “El patio de mi cárcel” de Belén Macías. Si mi libro fuese una película sería “Mi vida sin mí” de Isabel Coixet. Me quedó muy marcada la frase «invéntate un cielo para mí». Yo también lo quiero. Quiero que se invente un cielo para todo este dolor, esta rabia y estas ganas de seguir. Quiero que se invente un cielo donde todo esto tenga cabida.
Y quiero terminar volviendo al principio. Después de escribir el libro, construir la exposición y convertir algo tan íntimo en algo que otras personas pueden recorrer, ¿qué significa ahora para ti la palabra “libertad”? ¿De qué te sientes libre hoy que quizá no lo eras cuando empezaste todo este viaje?
Me siento libre de no callar mi dolor, de permitirme atravesarlo y pensar que en algún momento podré reconciliarme con él o simplemente entender que el dolor ya pasó. Pero sobre todo me siento libre de no dejar que el dolor determine mi vida y mi camino, solo que lo marque como es obvio. Pero sin el dolor no hubiera creado esto. Sé que cada dia soy mas libre porque mi vida ya está cambiando y siento que esa vida anterior caracterizada por un dolor devastador se está desprendiendo y dejando paso a esta que he podido compartir con vosotros.
Más libre. Más viva. Y sin duda, una vida mejor.




