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La bola negra: una historia de amor, memoria y herencia queer

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Javier Calvo y Javier Ambrossi llevan al cine la obra de Alberto Conejero en una película que atraviesa 1932, 1937 y 2017 para hablar de aquello que una generación no pudo decir y la siguiente todavía tiene que aprender a escuchar

Hay historias que no desaparecen cuando termina una generación. Permanecen en los objetos, en las familias, en las palabras que nunca llegaron a pronunciarse y en todo aquello que se hereda sin saber exactamente de dónde viene. Sobre esa idea se construye La bola negra, el nuevo largometraje de Javier Calvo y Javier Ambrossi, una película que conecta tres momentos —1932, 1937 y 2017— a través de las vidas de tres hombres unidos por el deseo, el dolor y la herencia.

La película nace de La piedra oscura, la obra de Alberto Conejero centrada en la relación entre Sebastián y Rafael. Al volver a leerla pensando en el cine, los directores encontraron la posibilidad de ampliar aquella historia y convertirla en una narración atravesada por tres épocas. Sebastián y Rafael se transformaron así en el centro de una historia de amor queer e imposible, mientras que la línea temporal contemporánea incorpora a los propios directores como parte de una reflexión sobre qué hacemos hoy con el legado que hemos recibido.

Lo que heredamos de quienes estuvieron antes

En La bola negra, mirar al pasado no significa únicamente reconstruirlo. La película se interesa especialmente por aquello que permanece cuando ese pasado ya no está: los objetos, el arte, las historias familiares y las huellas que dejan quienes estuvieron antes.

Para Calvo, la película representa el punto culminante de una investigación sobre el pasado que ya estaba presente en sus trabajos anteriores. Pero aquí la cuestión adquiere una dimensión más profunda: qué hacemos con nuestra propia herencia y con las marcas que la historia deja sobre nosotros.

Esa preocupación también atraviesa la relación de la película con Federico García Lorca. Los directores buscan acercar ese legado cultural a una generación que, según Ambrossi, puede sentirse cada vez más desconectada de la historia artística española. La bola negra pretende que esa herencia deje de funcionar como algo distante o intocable y vuelva a convertirse en una experiencia emocional.

El silencio también se hereda

Uno de los grandes ejes de la película es aquello que no se dice. Durante el montaje, los directores fueron eliminando diálogos para dejar que determinadas emociones permanecieran en los gestos y en las miradas de los personajes. El silencio termina convirtiéndose en una forma de narración.

La idea adquiere especial importancia en la historia contemporánea, donde la imposibilidad de comunicarse dentro de una familia conecta directamente con las otras dos épocas. Para Ambrossi, la violencia nace también de esa incapacidad para hablar de lo ocurrido, reconocer el daño o pedir perdón. Lo que no se cuenta acaba separando a quienes vienen después.

Por eso la memoria en La bola negra no aparece como un archivo cerrado, sino como algo que continúa actuando sobre el presente.

Una película queer también delante de la cámara

La representación no se limita a aquello que cuenta la película. El propio proceso de casting forma parte de su discurso. Uno de los aspectos que los directores consideran fundamentales fue que los tres protagonistas fueran interpretados por hombres abiertamente gays. Para Ambrossi, colocar a tres hombres homosexuales al frente de una gran producción continúa siendo una decisión poco habitual y, por ello, también política.

El reparto combina además nombres como Penélope Cruz y Glenn Close con intérpretes menos habituales y actores no profesionales. Entre ellos está Guitarricadelafuente, elegido para interpretar a Sebastián. Según Ambrossi, el personaje fue escrito pensando específicamente en él y adaptado a sus características como intérprete.

La elección encaja con una manera de trabajar que Calvo y Ambrossi llevan desarrollando desde sus primeros proyectos: construir los repartos y los equipos desde la cercanía y la comunidad. Para los directores, esa conexión personal se traslada también a la pantalla y contribuye a conseguir una interpretación que no se limite a representar las emociones, sino que consiga hacerlas creíbles.

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Lorca, poesía y una película que no quiere explicarlo todo

La poesía ocupa un lugar central en la construcción de La bola negra. Los directores reivindican una forma de narrar que permita el misterio y la interpretación frente a la necesidad contemporánea de que cada imagen o escena tenga una explicación inmediata.

Ese planteamiento también se traslada a la dimensión visual. El final de la película está ligado a la nieve, una imagen que en el universo de Lorca aparece relacionada con la muerte. La Sierra Nevada se convierte así en un espacio cargado de simbolismo y en el escenario de una transformación que conecta el paso del tiempo, el miedo a ser uno mismo y la posibilidad de descansar finalmente de aquello que se ha reprimido.

El recorrido visual parte además de una imagen negra para terminar en el blanco de la nieve, construyendo una especie de tránsito simbólico a través del color.

Recordar para que no vuelva a desaparecer

En el fondo, La bola negra habla de la transmisión. De cómo una generación recibe las heridas de otra y de cómo el arte puede convertirse en una herramienta para conservar aquello que podría desaparecer.

“Art was made to remember”, explica Calvo: el arte existe también para recordar que algo sucedió y para poder contárselo a quienes vienen después.

Ahí parece encontrarse una de las claves de la película: no reconstruir el pasado por nostalgia, sino preguntarse qué ocurre cuando dejamos de hablar de él. La bola negra convierte esa pregunta en una historia que atraviesa casi un siglo y que conecta amor, represión, familia, memoria y cultura queer.

Con 155 minutos de duración, la película está dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi y cuenta con Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau, Carlos González, Milo Quifes, Lola Dueñas, Penélope Cruz y Glenn Close en su reparto.

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