l director de Girl y Close regresa con una historia protagonizada por Emmanuel Macchia y Valentin Campagne que desplaza la guerra fuera de campo para explorar la intimidad, el deseo y la posibilidad de elegir la vida en medio de la violencia
Lukas Dhont presenta Coward, su tercer largometraje, una película ambientada en la Primera Guerra Mundial que se aleja de los códigos tradicionales del cine bélico para dirigir la mirada hacia aquello que puede sobrevivir en sus márgenes: el amor, el deseo, la imaginación y la posibilidad de construir una identidad propia incluso en un contexto marcado por la violencia.
La historia sigue a Pierre, un joven soldado recién llegado al frente y decidido inicialmente a demostrar su valía. Allí conoce a Francis, quien trata de levantar el ánimo de sus compañeros organizando un espectáculo teatral. Mientras la guerra continúa a su alrededor, ambos encuentran en ese espacio improvisado una forma de escapar, aunque sea temporalmente, de la brutalidad que los rodea.
Protagonizada por Emmanuel Macchia y Valentin Campagne, Coward tuvo su estreno mundial en 2026 en la 79.ª edición del Festival de Cannes, donde sus dos protagonistas recibieron el premio a la mejor interpretación masculina.
Una fotografía de 1914 como punto de partida
El origen de Coward se encuentra en una imagen histórica. Durante su investigación, Dhont descubrió una fotografía de 1914 en la que un soldado belga situado detrás del frente aparecía vestido de mujer. Una imagen tomada por un aficionado que, para el director, parecía hablar desde el pasado directamente al presente.
A partir de ese hallazgo comenzó a investigar unas prácticas prácticamente ausentes de los relatos convencionales sobre la guerra: soldados que, lejos de las trincheras, organizaban espectáculos, confeccionaban vestuario con los materiales disponibles y utilizaban la representación como un espacio de libertad y camaradería.
El cineasta encontró en archivos y museos fotografías y programas de aquellas funciones. Frente a una memoria de la guerra construida habitualmente alrededor de batallas, armas, derrotas y victorias, Dhont decidió fijarse en los momentos de creación que surgían paralelamente a la destrucción.
Esa contradicción se convirtió en el corazón de la película: hombres obligados a responder a un modelo extremo de masculinidad que, al mismo tiempo, eran capaces de generar espacios donde podían jugar con el género, transformarse y expresarse de otra manera.
El amor queer que también existió en las trincheras
La investigación histórica llevó a Dhont también hacia testimonios de relaciones entre soldados durante la Primera Guerra Mundial. El amor entre hombres era tabú, pero existía, y el contexto bélico generó paradójicamente espacios de convivencia en los que algunas de esas relaciones pudieron desarrollarse temporalmente.
De esa tensión nacieron Pierre y Francis.
Los dos protagonistas viven lo que Dhont concibe como el primer gran amor de sus vidas. Son jóvenes a los que la guerra ha obligado a entrar en la edad adulta antes de haber tenido siquiera la oportunidad de descubrir plenamente el mundo, su sexualidad o sus propios deseos.
El director plantea Coward deliberadamente como una película romántica. Más que utilizar la relación entre ambos como un elemento secundario dentro de un relato de guerra, coloca su vínculo en el centro y convierte el conflicto armado en el entorno hostil que amenaza constantemente esa posibilidad de futuro.
Elegir vivir como un gesto político
El propio título de la película dialoga con uno de los conceptos que más interesa a Dhont: qué significa realmente ser valiente.
Durante su investigación, el cineasta encontró historias de soldados que intentaron escapar de la violencia, desaparecieron o fueron ejecutados. También descubrió que 165 soldados belgas nunca fueron encontrados, un dato a partir del cual imaginó la posibilidad de hombres que hubieran conseguido continuar sus vidas bajo otras identidades.
Pierre surge precisamente de esa pregunta.
Frente al ideal tradicional del héroe militar, Dhont construye un personaje cuya valentía reside en otro lugar: atreverse a huir de la violencia, expresar lo que siente, imaginar otro futuro y elegir la vida cuando todo a su alrededor le exige sacrificarse.
Para el director, esa decisión es profundamente política. Coward cuestiona así una idea de masculinidad asociada al heroísmo, la resistencia física y la disposición a morir, y plantea otras formas posibles de coraje vinculadas a la vulnerabilidad, el afecto y el deseo de sobrevivir.
Otra masculinidad frente a la lógica de la guerra
La masculinidad atraviesa toda la película. Dhont quería retratar una estructura patriarcal capaz de enviar a jóvenes de apenas 18 años al combate, pero también mostrar cómo esos mismos hombres encuentran formas de romper los códigos que les han sido impuestos.
Los espectáculos organizados por los soldados permiten introducir una energía radicalmente distinta dentro del campamento. Los uniformes militares, que borran las particularidades de cada individuo, dejan paso a vestidos improvisados, colores y representaciones que permiten a los personajes reconstruir temporalmente sus identidades.
Hombres bailando juntos y vestidos con prendas confeccionadas con tela de paracaídas aparecen entonces en oposición directa al escenario de muerte que los rodea.
El contraste no busca eliminar la violencia. Al contrario, Dhont insiste en hacerla perceptible para poder mostrar con mayor claridad aquello que se enfrenta a ella: la empatía, la solidaridad, la ternura y la generosidad.
El cuerpo como campo de batalla y lugar de intimidad
Como ocurría en Girl y Close, el cuerpo vuelve a ocupar una posición central en el cine de Lukas Dhont.
En Coward, el cuerpo masculino está sometido inicialmente a las exigencias de la guerra: debe ser fuerte, disciplinado, resistente y eficaz. La fisicidad de los soldados aparece vinculada a acciones de extrema brutalidad, desde el combate hasta el traslado de los cadáveres de sus propios compañeros.
Pero esos mismos cuerpos son también capaces de tocarse, cuidarse, bailar, desvestirse y descubrir el placer y la intimidad.
Dhont construye deliberadamente esa oposición. Frente al cuerpo convertido en instrumento militar, aparece el cuerpo que establece vínculos con otro. Frente a la violencia física, el contacto. Frente a la muerte, el deseo.
La relación entre Pierre y Francis se desarrolla precisamente dentro de ese contraste constante entre una corporalidad impuesta por la guerra y otra que los personajes comienzan a descubrir por sí mismos.
Una película de guerra que decide no mirar la batalla
Aunque Coward transcurre durante la Primera Guerra Mundial, Dhont reconoce que el cine bélico es uno de los géneros que menos le interesan. Esa distancia determinó también la puesta en escena.
El director decidió situar la cámara detrás de las trincheras y mantener gran parte de la guerra fuera de campo. En lugar de mostrar hombres matándose entre sí, la película permanece junto a quienes esperan, ensayan, imaginan, aman o intentan encontrar una vía de escape.
La violencia permanece, pero llega muchas veces a través del sonido. Explosiones, gritos y otros elementos del conflicto penetran desde fuera del encuadre mientras el espectador permanece junto a Pierre.
El diseño sonoro se convierte así en una herramienta fundamental para confrontar dos universos: por un lado, los sonidos de la destrucción; por otro, aquellos ligados a la cercanía y a la sensualidad, como el sonido de una navaja deslizándose sobre la piel durante uno de los momentos de intimidad entre los protagonistas.
El color y el vestuario frente al uniforme
También visualmente, Dhont quiso distanciarse de la representación convencional de la Primera Guerra Mundial.
Frente al predominio habitual de tonos caqui, marrones y verdes, Coward introduce azules, rojos, amarillos y colores cálidos. El vestuario desempeña un papel esencial dentro de esa transformación.
Los uniformes militares funcionan como una herramienta de homogeneización: todos los soldados deben parecer iguales. Cuando comienzan a crear sus propios trajes para los espectáculos, sin embargo, la ropa permite que vuelva a aparecer la individualidad.
El gesto de vestirse se convierte así en una forma de reconstrucción personal. En un contexto destinado a borrar las diferencias entre los hombres, el artificio, el teatro y la performance les permiten volver a inventarse.
Emmanuel Macchia y Valentin Campagne, dos energías opuestas
Para interpretar a Pierre, Dhont buscaba un actor cuya presencia transmitiera la relación con el trabajo físico y el mundo rural. Encontró a Emmanuel Macchia durante un casting abierto. Su timidez y la dificultad inicial para ocupar espacio interesaron especialmente al director, que veía en esas características algo fundamental del propio recorrido de Pierre.
Para Francis buscaba justo lo contrario.
Valentin Campagne, con experiencia previa en teatro, danza y música, aportó una energía expansiva y mucho más desinhibida. La relación entre ambos intérpretes terminó reproduciendo parte de la dinámica que sostiene la película: uno ayuda al otro a encontrar un lugar diferente dentro del mundo.
Macchia y Campagne recibieron conjuntamente el premio a la mejor interpretación masculina en Cannes 2026 por sus trabajos en la película.
Lukas Dhont después de Girl y Close
Coward supone el tercer largometraje de Lukas Dhont, una filmografía que ha situado el cuerpo, la identidad, la masculinidad y los vínculos afectivos en el centro de su trabajo.
Su debut, Girl (2018), se presentó en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes y recibió la Caméra d’Or. Cuatro años después estrenó Close, seleccionada en competición oficial en Cannes y ganadora del Gran Premio del Jurado, además de ser nominada al Óscar a mejor película internacional en 2023.
Con Coward, Dhont traslada muchas de sus preocupaciones anteriores a un contexto histórico y colectivo mucho más amplio. La guerra permanece siempre presente, pero la película elige mirar hacia otro lugar: hacia quienes intentan crear belleza, afecto y libertad precisamente allí donde parecería imposible encontrarlos.


