Kiara Arancibia en un fotograma de 'La buena hija', de Júlia de Paz Solvas

Un relato punzante con actuaciones formidables en forma de coming of age: la buena hija

Júlia de Paz Solvas construye un drama íntimo sobre violencia estructural, herencia emocional y supervivencia femenina sostenido por un reparto de enorme precisión.

Habiendo sido seleccionada en las Residencias de la Academia de Cine, así como en otros proyectos de la industria de cine europeo, Júlia de Paz Solvas saca adelante su segundo largometraje: La buena hija. El título del cortometraje del que nace esta obra era, sin embargo, un calificativo: Harta. Directo, cargado, pero no tan certero y fiel al mensaje de la historia como el de su obra final. Con Núria Dúnjo como coguionista y siguiendo la línea de su ópera prima AMA, donde se retrata una maternidad no edulcorada, Júlia ahonda en la violencia estructural a la que se siguen enfrentando las mujeres en sus entornos más cercanos. La directora culmina también con este trabajo tres años de investigación sobre un conflicto que permea no solo las dinámicas relacionales del binomio hombre-mujer, sino familias enteras.

Acompañaremos a Carmela (Kiara Arancibia), una adolescente de 13 años que intentará adaptarse a la separación de sus padres, complejizada por una situación de maltrato. Pese a la admiración que le profesa a su padre (Julián Villagrán), un artista de apariencia enrollado con el que mantiene una relación más amistosa que paternofilial, este no siempre hará las cosas más fáciles para que pueda desarrollarse como una niña más.

Júlia reúne un reparto que solo podía elevar el guion: Julián Villagrán, Petra Martínez y la debutante Kiara Arancibia, quien destila madurez interpretativa en los momentos más críticos. Ellos tres en especial saben enhebrar todas las sutilezas y matices emocionales que hacen brillar a esta cinta. Desde un prisma casi documental, se nos sitúa en el momento de la mudanza a casa de la abuela tras la separación de los padres. Los encuentros que se dan entre padre e hija a partir de aquí se inician en el Punto de Encuentro Familiar, dejando en manos del espectador la intrahistoria familiar. Al ser un tema tan crudo como es la violencia de género, extendida en ocasiones a violencia doméstica, la autora destaca justamente en reconocer a la audiencia como figura con capacidad de deducción, a la que una escena virulenta no le será más útil para comprender lo que ya está frente a sus ojos. Así, las escenas en las que Carmela, sin mediar palabra, busca refugio en el regazo de su abuela, interpretada por Petra, conforman algunas de las imágenes más conmovedoras.

Para recrear ese toque realista, la directora tira del recurso de cámara a hombro, ganando efectividad en esos momentos de tensión y confusión paralizante que vive la protagonista. Y como en todo coming of age, el tono también se distiende cuando vemos a Carmela desenvolverse en un entorno social muy bien logrado: auténtico, libre de prejuicios y con tendencia a las trastadas comunes de la edad. En contraposición al buen gusto y enfoque naturalista que la hacen tan recomendable, la escasez de peso argumental en el personaje de la madre resta cierta potencia al relato.

La buena hija es el miedo a heredar las sombras de un padre, y la certeza de que solo el apoyo de las instituciones y el amor incondicional entre tres generaciones de mujeres podrían salvarte. Podéis disfrutar esta joya en los Golem y, próximamente, en la Cineteca de Matadero.

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